Italia jugó su primer partido internacional en 1910, el 15 de Mayo, contra Francia. En ese entonces no vestía de azul, sino de blanco. La que vistió ese día (aún lo hace) fue Francia. Los italianos habían optado por unas camisetas blancas, porque eran las más baratas, y les fue muy bien: ganaron 6-2, en el partido disputado en el Arena Cívica de Milán. La victoria fue muy bien acogida, porque hacer esa selección había sido difícil. El fútbol italiano había nacido dividido, con dos corrientes que no se mezclaban entre sí. Por un lado estaban los partidarios de lo extranjero, que consideraba el juego como algo para divertirse. Tenían un campeonato organizado y en sus equipos militaban jugadores ingleses en su mayoría y extranjeros de cualquier lugar. Por otro lado estaba la corriente más severa, nacionalista, que tenía su origen en las viejas sociedades gimnásticas, y que consideraba el deporte como el mejor método de formación del cuerpo y el espíritu para dar hombres de provecho a la nación. En consecuencia, debería ser considerado con el máximo rigor.
Superar las dificultades costó un tiempo, pero por fin las dos corrientes se integraron en la ya entonces llamada, como hoy, Federación Italiana de Gioco di Calcio (FIGC), una de las primeras tareas fue inscribirse ante la FIFA y poner en funcionamiento la selección nacional.
Tras el éxito ante Francia el primer día que compitieron, el equipo se atrevió con un segundo partido, en Budapest, contra Hungría, que perdió goleado 6-1, nuevamente con la camiseta blanca.
Se concertó para el 6 de Enero de 1911 el partido de revancha, esta vez en Milán, donde habían ganado a Francia. Antes de este partido tomaron una decisión que definiría la selección italiana, utilizaron camiseta azul. Los periódicos de aquellas fechas no dan explicaciones sobre tal decisión, sin embargo tiempo después publicaron algunas: una, era que les había gustado el color de la camiseta de Francia, el primer rival que derrotaron; otra un poco romántica decía que querían imitar el hermoso cielo de Italia. Pero la más creíble, que muchos dan como cierta, es que se trató de un homenaje al color de la Casa de los Saboya, reinante en Italia, y eje de su unificación no mucho tiempo antes. Esta hipótesis fue avalada porque en aquellos primeros partidos de azul, la selección llevaba el escudo de la Casa de los Saboya, fondo rojo con cruz blanca. El estreno del color azzurro no fue brillante en lo deportivo, porque Italia volvió a perder contra Hungría pero esta vez por 1-0. El color quedó aceptado con carácter definitivo y desde entonces lo ha conservado Italia, que a pesar de otras selecciones que tradicionalmente han utilizado el color azul (como Francia), es conocida como la squadra azzurra, el equipo azul. Con este color han ganado 4 mundiales (1934, 1938, 1982 y 2006)



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