El 8 de Enero de 2007 se destapó un escándalo de un Mundial. Era un
secreto a voces, pero nadie se atrevía a decir la verdad.
Tuvieron que pasar muchos años, pero al fin alguien se
decidió a confesar lo que en realidad era un secreto a voces: que Alemania y
Austria habían pactado un resultado (1-0) para clasificarse ambas en la fase de
grupos del Mundial de España. Fue el 25 de Junio de 1982, en El Molinón, y
resultó ser un agravio al fútbol. Argelia, que había ganado sorprendentemente a
Alemania en el primer partido del grupo (contaba con un muy buen equipo, su
mejor jugador era Madjer, campeón de Europa con Porto de Futre), tenía
posibilidades de entrar en cuartos de final, pero el “pacto germánico” se lo
impidió.
Resultó que el último partido del grupo lo jugaban Alemania
y Austria, y que ambas selecciones pasaban si Alemania ganaba por uno a cero.
Durante los días previos se habló de la posibilidad de amaño y el partido se
jugó bajo la máxima atención.
Pero a los protagonistas no pareció importarles nada eso. A
los diez minutos, gol de Hrubesch, el “ogro”, un gigantón, de los últimos
delanteros alemanes de ese tipo. En ese momento, según advierten algunos,
Schumacher, el portero alemán (el mismo que en la semifinal, en Sevilla va a
agredir brutalmente a Battiston), se pone una gorra blanca. Después se
interpretará ese gesto como una señal a los austriacos de que Alemania proponía
la paz, como efectivamente sucedió. Pero no hubo más partido. Los jugadores se
pasaban una y otra vez el balón en horizontal, ante la indignación del público.
Al final 1-0, Argelia protesta, pero no hay caso.
Los tres equipos terminan el grupo con dos victorias y
cuatro puntos, aunque Argelia pierde por lo que se conocía en ese entonces como
goal average (el actual gol
diferencia), consecuencia fatal de ese resultado exacto.
El asunto queda como un agravio más de la vieja Europa, que
todo lo hace en su beneficio propio, contra las aspiraciones de crecimiento de cualquier
otro continente.
Veinticinco años más tarde, Briegel, defensa alemán que jugó
ese partido, tiene la debilidad o la sinceridad de confesarlo todo en el
periódico árabe, Al Ittihad: “Tomamos la decisión entre todos, ellos y nosotros,
de no esforzarnos demasiado…”. La revelación provoca el enorme revuelo
propio de uno de esos asuntos que han
quedado mal resueltos en la pequeña historia del fútbol mundial. Madjer
declara: “Sentí rabia y vergüenza, la trampa fue descarada”. La federación
argelina pide a la Fifa que abra un expediente informativo para dictaminar
sobre el asunto y “resarcir el daño histórico que se le hizo a Argelia. Hay que
erradicar estas injusticias del fútbol para evitar que se repitan”. Pero no
pasó nada. Alemania se cerró y Stielike, Breitner y Schumacher, entre otros
niegan que ese partido se hubiera arreglado. Schumacher declara cínicamente: “quizá
Briegel se tomó una copa de más “. Sin embargo el austriaco Schachner prende
más la polémica cuando declaró que “Yo quería jugar, pedía el balón para marcar
gol, pero los demás me reprendían.
Briegel me decía: “¿por qué corres tanto? párate”. Y desde el banquillo me
hacían señas para que me parara. Solo lo hice al final, cuando vi que era imposible,
y que en realidad el 1-0 nos favorecía igual” La Fifa nunca hizo nada, esta
polémica quedó en un mito que nadie quiso investigar a pesar de las
declaraciones y toda la polémica.

No hay comentarios:
Publicar un comentario