Un médico inglés llamado James Spensley, fue el gran
impulsor del fútbol en Italia. El fútbol había llegado antes que él a este
país, pero como una diversión de los ingleses,
que lo jugaban entre ellos sin dejar que los locales pudieran acceder a
sus encuentros. Cuando llegó Spensley a Génova (trabajaba como médico en
travesías marítimas) todo cambió.
El fútbol se abrió a los italianos, aunque
con un cupo máximo de cinco por equipo, y se organizó el primer partido serio,
entre el Génova, en el que él mismo jugó como portero, y el Torinese. Fue el 6
de Enero de 1898. Se vendieron 154 entradas al precio de una lira, 23 a media
lira y otras 84 más con un recargo por los asientos numerados, que
proporcionaron otras 100 liras. El árbitro fue el reverendo Richard Douglas,
cobró 2.50 liras. El encargado de cuidar el campo cobró una lira. El partido lo
ganó finalmente el Torinense, pero resultó ser un éxito en todos los sentidos.
Eso animó a organizar algo más serio: un campeonato de
Italia, al que la Federación Italiana, nacida apenas tres meses antes de
celebrarse el torneo, invitó a todos los equipos del país. La inscripción no
fue tan buena como pensaron, apenas tres equipos de Turín (el Torinense, el
Internazionale de Torino y la Ginastica di Torino) y el Génova. ¿y la Juventus?
La Juve había nacido en 1887 como club deportivo del prestigioso liceo Massimo
d’ Azeglio, pero no se transformaría en un club de fútbol sino hasta el año
siguiente.
Los partidos se jugaron en Turín, en un campo de la
periferia, invadido hoy hace muchos años por la expansión de la ciudad. Se
acordó disputar el torneo en un solo día. A las nueve de la mañana jugaron el
Internazionale y el Torinense, con triunfo del primero (1-0, gol de su capitán,
John Savage). A continuación el Génova le ganaba al Ginnastica 2-1. A las tres
de la tarde, tras un descanso y un breve refrigerio, se jugó la final, que ganó
el Génova nuevamente 2-1, con el segundo gol anotado en los últimos instantes
del partido. Acudieron 50 personas a las semifinales y 100 a la final, lo que
dejó un total de 197 liras.
No era mucho, pero la primera piedra estaba puesta. La corta
inscripción de equipos pudo tener una relación con los disturbios que en esos
días se vivía en Italia, con Milán sumida en el caos, tomada por el ejército,
que se movía entre barricadas levantadas en lo que se llamó “el motín del pan”.
Se calcula que al menos 400 personas
murieron en esos días e Milán, que concentró la atención del país.
Pero ese inicio hizo del Génova el equipo más fuerte de
Italia durante bastantes años, ganó siempre con Spensley en la portería los títulos
de 1899, 1900, 1902, 1903 y 1904. Siguió
entre los más fuertes del fútbol italiano hasta 1925. Había ganado también en
1915, 1923 y 1924, cuando se enfrentó en la final al Bolonia en pleno ascenso
del fascismo. El gran líder fascista Leandro Arpiati, hincha del Bolonia,
manipuló la final, cuando se veía con un 2-0 en contra. Con sus “camisas negras”
obligó al árbitro a conceder un gol al Bolonia y ahí siguió el empate. Hubo desempate,
con nueva igualada, y un tercer partido, a las siete de la mañana, sin público,
que por fin ganó el Bolonia por 2-0. El Génova aún lamenta que por culpa de
Arpiati no pueda lucir en la camiseta la estrella dorada que se concede en
Italia a los que han ganado diez títulos.

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