sábado, 11 de mayo de 2013

El primer título en Italia se disputa en un día


Un médico inglés llamado James Spensley, fue el gran impulsor del fútbol en Italia. El fútbol había llegado antes que él a este país, pero como una diversión de los ingleses,  que lo jugaban entre ellos sin dejar que los locales pudieran acceder a sus encuentros. Cuando llegó Spensley a Génova (trabajaba como médico en travesías marítimas) todo cambió. 
El fútbol se abrió a los italianos, aunque con un cupo máximo de cinco por equipo, y se organizó el primer partido serio, entre el Génova, en el que él mismo jugó como portero, y el Torinese. Fue el 6 de Enero de 1898. Se vendieron 154 entradas al precio de una lira, 23 a media lira y otras 84 más con un recargo por los asientos numerados, que proporcionaron otras 100 liras. El árbitro fue el reverendo Richard Douglas, cobró 2.50 liras. El encargado de cuidar el campo cobró una lira. El partido lo ganó finalmente el Torinense, pero resultó ser un éxito en todos los sentidos.

Eso animó a organizar algo más serio: un campeonato de Italia, al que la Federación Italiana, nacida apenas tres meses antes de celebrarse el torneo, invitó a todos los equipos del país. La inscripción no fue tan buena como pensaron, apenas tres equipos de Turín (el Torinense, el Internazionale de Torino y la Ginastica di Torino) y el Génova. ¿y la Juventus? La Juve había nacido en 1887 como club deportivo del prestigioso liceo Massimo d’ Azeglio, pero no se transformaría en un club de fútbol sino hasta el año siguiente.

Los partidos se jugaron en Turín, en un campo de la periferia, invadido hoy hace muchos años por la expansión de la ciudad. Se acordó disputar el torneo en un solo día.  A las nueve de la mañana jugaron el Internazionale y el Torinense, con triunfo del primero (1-0, gol de su capitán, John Savage). A continuación el Génova le ganaba al Ginnastica 2-1. A las tres de la tarde, tras un descanso y un breve refrigerio, se jugó la final, que ganó el Génova nuevamente 2-1, con el segundo gol anotado en los últimos instantes del partido. Acudieron 50 personas a las semifinales y 100 a la final, lo que dejó un total de 197 liras.

No era mucho, pero la primera piedra estaba puesta. La corta inscripción de equipos pudo tener una relación con los disturbios que en esos días se vivía en Italia, con Milán sumida en el caos, tomada por el ejército, que se movía entre barricadas levantadas en lo que se llamó “el motín del pan”.  Se calcula que al menos 400 personas murieron en esos días e Milán, que concentró la atención del país.

Pero ese inicio hizo del Génova el equipo más fuerte de Italia durante bastantes años, ganó siempre con Spensley en la portería los títulos de 1899, 1900, 1902, 1903 y  1904. Siguió entre los más fuertes del fútbol italiano hasta 1925. Había ganado también en 1915, 1923 y 1924, cuando se enfrentó en la final al Bolonia en pleno ascenso del fascismo. El gran líder fascista Leandro Arpiati, hincha del Bolonia, manipuló la final, cuando se veía con un 2-0 en contra. Con sus “camisas negras” obligó al árbitro a conceder un gol al Bolonia y ahí siguió el empate. Hubo desempate, con nueva igualada, y un tercer partido, a las siete de la mañana, sin público, que por fin ganó el Bolonia por 2-0. El Génova aún lamenta que por culpa de Arpiati no pueda lucir en la camiseta la estrella dorada que se concede en Italia a los que han ganado diez títulos.

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